miércoles, 14 de marzo de 2012

¡Gracias hijo por ser mi hijo!

Recuerdo esta frase de un papá del grupo de apoyo emocional que venía en las tardes a conversar nuestras "experiencias" (entre comillas pues nuestro grupo es de padres de niños y jóvenes con TGD, léase Trastorno Generalizado del Desarrollo), contarnos chistes, comer galletas y tomar café con leche o refrescos.

De todos, lo confieso, ahora puedo decirlo abiertamente, que me sentía la más dichosa y especial de todos los papás presentes pues, mi hijo Jesús tiene el Síndrome de Asperger, era el único y su condición era muy leve, ni siquiera se podía catalogar como Autismo de Alto Funcionamiento, sin embargo si tenía caracterizaciones propias de ese síndrome. Bien, Asperger y yo muy culta en ello.

Conversando una tarde, mientras mi Jesús se bañaba en la piscina que su papá le compró para pasar las tardes calurosas en el jardín, uno de los padres con una mirada de ternura nos contó lo que era ser papá de dos hijos hermosos y hombres (esto lo decía con un orgullo como cuando se presenta la mejor cosecha o el mejor vino, algo así, con mucha pomposidad jajajajaja)

Su hijo mayor, al que llamaremos Andrés, tenía ya 33 años, estudiaba ingeniería fuera de la ciudad y estaba en esa etapa de tener muchas "amiguitas" que causaban a veces dolores de cabeza a él (papá) y a su mamá porque llamaban y lloraban cuando las dejaba en espera de citas, de saberse que no eran las únicas dueñas de sus afectos, que nada de casarse, asentar cabeza, darle nietos al menos... y su hijo menor, Adrián de 14 años, estudiaba 1er grado y tenía Trastorno del Espectro Autista... y esta última frase la dibujaba con una sonrisa envidiable... todos nos quedamos como esperando quizá que se ensombreciera su mirada y contara, porque mentirles, una historia triste, una historia que nos muestre los temores en común, los miedos y tabúes sociales, para eso es el grupo... pero no, nos dejo con las ganas...

Nuestro amigo cuenta que, cuando nace Adrián, fue algarabía, pues ya estaban pisando los 50 cuando la cigüeña les dejó ese pancito en el horno (palabras de nuestro amigo jajajaja, qué gratos recuerdos)... pasaron  los años y como buenos padres primerizos, si, así mismo contó, luego de 19 años de no cambiar pañales, dar teteros, coches, paseos, bicicletas, juegos en columpios y demás, estaban como recién casados con el hijo... no se dieron cuenta de que había "algo especial" en el pequeño Adrián, hasta que pasado los 6 años, decidieron llevarlo al médico y el les dijo: su hijo tiene Autismo moderado.

Nuestro amigo no nos contó sus emociones, ni lo que fue criar a Adrián... solo luego de decir lo que el neuro y el psiquiatra confirmaba dijo: Adrián jamás me dará las preocupaciones que me da Andrés... Adrián jamás me ha desvelado, ni me ha hecho ir de madrugada a la comisaría por borracheras, ni al hospital por chocar el carro por quedarse dormido... ni siquiera me ha hecho pensar en qué fallé al educarlo y criarlo... Adoro a Andrés, claro es mi hijo, pero Adrián es la serenidad que me enseñó a ser más humano, menos perfecto y más papá, papá de verdad... Gracias hijo por ser mi hijo y se abrazaba duro a sí mismo, pues Adrián no estaba en nuestras reuniones, y eso no limitaba la expresión de afecto de su papá... Gracias hijo por ser mi hijo... ¡Dios qué grande expresión!

Hasta aquí les cuento... nudo en la garganta y ojos llenos de lágrimas no permiten que siga escribiendo, solo les cuento que Adrián ahora esta siendo cuidado por su hermano Andrés y su mamá, ya tiene 18 años... 
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