lunes, 10 de octubre de 2011

Síndrome de Asperger: Ellos merecen un Amor Sano y Libre...

En ciertas ocasiones, cuando atiendo y doy apoyo emocional a padres, hermanos y familia de niños con compromiso cognitivo, sea por Down, por Autismo o cierto retardo en su desempeño social e intelectual, he notado y sentido que la pena y la lástima les embarga.

La pena, diferente a la vergüenza es algo que debemos identificar y saber pasar la página. Es normal, desde mi punto de vista como madre, como orientadora y como acompañante terapéutica, sentirla y hasta quedarnos por unos momentos en ella, es parte del duelo que vivimos y experimentamos, pues nuestra cultura no nos educa para ser padres, hermanos o familia de alguien que por razones que en realidad no importan en ese momento, no por la falta de importancia, sino porque no estamos en el lado científico-médico para abordarlas, nos toca la vida y la realidad a un ritmo diferente del acostumbrado o de una manera diferente. El tomarnos un tiempo para aceptar la realidad, asimilarla y aprender a educarnos en ella es parte de un proceso de crecimiento y desarrollo personal, y más que aceptar a nuestro hijo o familiar especial, es buscar qué impulsa ese sentimiento y perdonarnos, pues seguro una vocecita o parte de nosotros muestra rechazo, rabia y miedo... es humano, es natural, es normal... y para eso estamos los terapeutas y grupos de apoyo.

El tema de la vergüenza se ve íntimamente ligada a las culpas: ¿por qué nació así?, ¿hice algo indebido, comí algo inadecuado, pensé, lloré, sufrí.....?, ¿salió a mi familia, a tu familia, al primo lejano? Pues aquí estaría enumerando ilimitadamente las justificaciones personales y ajenas que me he dicho, oído y escrito. Para eso somos los terapeutas, para trabajar el perdón y la culpas que cargamos los padres buscando por qué irracionales... pues siempre queremos saber por qué, por qué, y así delegar responsabilidades o expiar... "culpas"...

Eso en muchas de mis experiencias ha provocado rechazo inconsciente (y hasta en algunos casos consciente) de amar abiertamente a nuestro hijo, hermano, sobrino, ahijado, por su condición "especial" y la pongo entre comillas, pues me resulta difícil entender que queramos poner imaginariamente una barrera o una línea de lo que es "normal, aceptable, promedio" a lo que por razones de hábitos, normas y conductas que hemos estandarizados nosotros mismos, decimos que es fuera de lo común, diferente, distinto...

Amar a una persona en condición cognitiva y motora distinta a nuestro estándar acostumbrado, está cargado de sentimientos de minusvalía y de pena, generando pensamientos limitantes y catastróficos, no solo para la persona especial, discapacitada sino para el padre, la madre, la persona que proyecta ese amor, creando un lazo de codependencia  que siempre es una relación insana. Ya debido a la condición de nuestro familiar, habrán ciertas limitaciones físicas e intelectuales, y aumentamos la carga al sentir amor con pena, con tristeza, con "pobrecito, pobrecita, pobre de mi por..., pobre de mi mamá por..." y esa carga emocional se hace tan pesada, tan lastimosa que termina enfermando y mellando la salud mental de la familia.

Amar a una persona especial, es un amor desprendido, es un amor especial, donde se acepte a la persona tal cual es, así como aceptamos a nuestra pareja, a nosotros mismos y a la familia. Amarle con ojos de "normalidad" verle con ojos de amor, de amor sano, mirando más allá de las limitaciones o las capacidades distintas que presente... porque esta persona está en este mundo con su misión personal de vida y hemos sido elegidos para que la cumpla y nos dé una gran enseñanza.

No se evita sentir tristeza al verle de alguna manera sufrir, sentirlo triste... pasar ese sentimiento juntos, nos engrandece y nos une más... y si en algún momento, la duda o la necesidad de "por qué" nos llega a la mente o nos pregunta nuestro hijo, hermano, sobrino, familiar ¿por qué nació así, por qué no es como...? sencillamente debemos decir lo que el corazón siente, repitiéndonos y diciéndoles cuánto le amamos, le aceptamos y nos aceptamos porque TODOS somos UNICOS y especiales, que ellos son una bendición para nuestras vidas pues nos enseñan a disfrutar de los detalles y de las cosas sencillas de manera extraordinaria... logrando aprender a ver la vida:


Desde el otro lado del Arcoiris...
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