viernes, 29 de marzo de 2013

Tenemos derecho a no ser perfectos

¿Hay alguien que no tenga miedo a ser menos de lo que se espera de él? Sinceramente. Deja por un momento de lado todo eso que te dices y reflexiona si realmente no tienes en cierto grado, miedo a decepcionar o a defraudar a los demás o a ti mismo. No puedo estar seguro de los demás pero en mi caso sí. Por supuesto que lo tengo. No me importa admitirlo.

Nadie me dijo de pequeño que no tenía que ser perfecto. Es más, probablemente mis padres pusieron la esperanza en mí que yo pudiera ser mejor que ellos y de este modo, pudieran redimir sus pecados de imperfección, de debilidad. 

Yo lo percibo en mí y mi hijo de 8 meses. A veces me descubro pensando que “ojalá esto” y “ojalá lo otro” cuando la verdad es que él ya es perfecto tal y como es, y que si el decide aprender y mejorar estará bien y sino, también.

Ayer alguien me hablaba del ego y yo le decía que para mí el ego tiene que ver con el miedo a ser descubiertos en nuestra debilidad: Me enfado cuando no tengo razón porque me asalta la duda que quizás no sea cierto lo que pienso y eso quiera decir algo de mí. Me molestan las críticas aunque sé que sería mejor otra conducta e intento callar o sonreír cuando en el fondo me duele. Me intimida aquel que percibo en mi ilusión, que es mejor que yo. Envidio en secreto al que hace algo que yo no…

Me atemoriza que alguien vea mis debilidades, las escondo, finjo, actúo. ¿Pero no es lo normal tenerlas? ¿No es parte de la condición humana? Luego, ¿Por qué nos encabezonamos a querer ser inmaculados, geniales, ocurrentes, felices, un modelo a seguir? ¿Quién no has hecho creer eso?
Veo a todos estos gurús resplandecientes hablando de cómo nos debemos sentir, de cómo debemos ser o actuar y pienso: ¿De verdad tú consigues que eso pase de ese modo? ¡Cuánta energía utilizada en aparentarlo!

¿De verdad voy a vender menos libros por no ser un modelo de perfección? ¿De verdad tengo que aparentar estar siempre bien y feliz? ¿No puedo tener miedos? ¿No está permitido? Personalmente, no quiero contribuir a esa realidad. Quiero ser un ser humano con “defectos”, de esos defectos que todos tenemos (y que quizás, si todos los tenemos, no sea tan defectos). En radio me preguntaron si me consideraba el hombre más feliz del mundo y dije que no. Pero que la PNL (entre otras cosas) me habían ayudado a serlo más.

“Niño no llores”, “Niño no te enfades”, “Niño cómetelo todo”, “Niño estudia mucho”, “Niño trabajo mucho”, “Niño se un buen padre”, “Niño se un buen marido”, “Niño se un buen hombre”, “Niño no engordes”,…

Yo soy como soy, tu eres como eres y así está perfecto aunque yo puedo mejorar si quiero y tu también. Aprender y mejorar no creo que tendrían que ser una obligación sino una opción. La opción de tener una vida diferente si no me gusta la que estoy viviendo.

No es justo que vivamos esclavizados por la idea de una perfección que sólo podemos ver a través de nuestras propias distorsiones de lo que percibimos de los demás o de la imagen que estos proyectan.
Creo que podemos mejorar, pero no que debamos. 

Creo en la mejora como una actividad lúdica y voluntaria, aunque no siempre fácil o placentera. Creo en el derecho a ser perfectamente imperfecto tal y como soy. Me encanta mejorar pero no pienso obligar a nadie a hacerlo, ni a adoctrinar a los demás. Creo que cada uno tiene derecho a escoger su grado de imperfección. ¡Creo que tenemos derecho a no ser perfectos!

International NLP Master Trainer
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