miércoles, 2 de noviembre de 2011

Mi promesa diaria

Cada día guarda una gran promesa.

Cada día guarda una gran promesa de posibilidades ilimitadas. Quizás encuentre una nueva amistad o reciba la inspiración de escribir un poema o crear una obra de arte. A lo mejor mi oración es contestada o logro una nueva comprensión.

Cuando estoy receptivo a las maravillas de cada nuevo día, dejo ir expectativas limitantes o rígidas. Si algo no sucede exactamente como lo había planificado, acepto lo que está ante mí. Dios está presente plenamente en mí y en este día, y todo está bien.

Disfruto del momento presente a medida que la vida se desenvuelve. Confío en Dios y aprecio las bendiciones grandes y pequeñas que este día me brinda. Espero con alegría las sorpresas que la vida me ofrece.
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