viernes, 14 de octubre de 2011

Los Chamanes del Siglo XXI - Parte III

Kahily nos dice que el excesivo estrés hace que las células dejen de absorber sus nutrientes básicos para su buen funcionamiento. El estrés excesivo produce tensión en los músculos. Ahora, los músculos son aquellos que nos permiten movernos, son parte de nuestra estructura esqueleto-muscular. Pero también hay tejido muscular que protegen ciertos órganos vitales; y cuando se tensan estos músculos, el órgano sufre. 

El distress se produce cuando nos resistimos a algo de forma rígida. Esta resistencia, por lo general psicológica, sucede cuando le tenemos miedo a eso que queremos resistir. Esto puede ser un proceso inconsciente. Inclusive, a lo que le tenemos miedo puede ser algo real como algo imaginado. 

Patricia Norris, directora del Instituto de Biofeedback y Psico-Fisiología en el Meninger Clinic en Topeka, Kansas, en los EEUU. Su artículo se llama “La sanación: Lo que podemos aprender de los niños”. La doctora Norris trabaja con Biofeedback, una técnica donde el paciente utiliza su pensamiento y su imaginación para influir sobre ciertos procesos fisiológicos como irrigar ciertas zonas con más flujo sanguíneo a voluntad. Ella dice que los niños están naturalmente más abiertos a nuevas experiencias, son más confiados, entusiastas, tienen menos prejuicios, y que están siempre listos para aprender. Tenemos mucho que aprender de los niños en nuestro proceso de sanación, y el secreto está en la actitud de los niños en querer transformarse. Fíjense que los niños están siempre en el proceso de aprender todo lo que pueden: aprender a caminar, a correr, a hablar, montar bicicleta, leer, escribir, pintar. 

En otras palabras, los niños están siempre listos para modificar y mejorar la manera en que se relacionan con el mundo. Están abiertos al aprendizaje y esperan - con convicción - aprender lo que se proponen. Así como cuando uno le enseña a usar cualquier aparato eléctrico en la casa y ellos simplemente siguen órdenes sin cuestionar, lo mismo sucede cuando se les enseña a dirigir más flujo sanguíneo a las manos o los pies. Una vez se le explica la técnica del biofeedbak ellos simplemente dicen: Okey, y siguen las instrucciones y utilizan su mente y su imaginación sin cuestionar absolutamente nada. La doctora Norris dice haberle enseñado a muchos niños no sólo enviar más flujo sanguíneo a las extremidades, sino también a influir en sus pulsaciones del corazón, y a alterar la respuesta electrodérmica de la piel. Los niños “saben” que pueden aumentar la irrigación sanguínea a voluntad con sólo concentrarse en eso, se les hace más fácil creer que pueden enviar más glóbulos blancos a las zonas de infección de su cuerpo y así fortalecer su sistema inmune. Y esto es justamente lo que sucede.

Los niños tienen la capacidad de aceptar su poder y responsabilidad sin sentirse culpables. Sucede que para muchos adultos, el hecho de entender que podemos asumir una mayor responsabilidad por nuestro bienestar sugiere que nosotros mismos somos quienes causamos la enfermedad en primera instancia. Esta duda nos hace pensar: Si soy responsable por mi salud, debo ser culpable también por la enfermedad. Por supuesto que nadie decide enfermarse a propósito. Los niños, en cambio, aceptan aprender a sanarse de la misma forma como aceptan aprender a caminar o escribir. 

El Dr. Elmer Green, creador de la terapia de Biofeedback dice, si existe la enfermedad psicosomática, existe también la salud psicosomática. Si nos enfermamos a nosotros mismos - sin intención por supuesto - podemos sanarnos con intencionalidad, podemos sanarnos deliberadamente. Es precisamente aceptar esta responsabilidad cuando comienza el verdadero proceso de recuperación hacia un estado de salud y vitalidad. Se trata de cambiar la actitud de “ser víctima” de una enfermedad a una actitud de “tener poder” sobre la enfermedad. Los niños que han recibido un trato apropiado de cariño, cuidado y consideración, tienen una elevada autoestima y muy poca experiencia con el fracaso. Esta condición tan especial hace que en muchos casos, sus recuperaciones dejen perplejos tanto a sus familias como a la comunidad médica en general.

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