viernes, 7 de octubre de 2011

La Empatía

La Empatía, es una palabra que usamos con una ligereza y muchas veces ni siquiera sabemos su significado, su importancia y lo difícil que resulta en muchos casos, aplicarla correctamente.

La etimología derivada del vocablo aleman Einfühlung es la capacidad de sentir la emoción que otro siente, pero además la capacidad de ponerse en el lugar del otro (sentirse concernido de ahí que "em" en griego signfica en y "pathos" pasión) y preguntarse por qué esta sintiendo lo que siente e intentar modificar su estado si fuera el caso (como cuando vemos a alguien que se ha caído y se ha roto la pierna. 

La simpatía nos evocará una sensación emotiva compartida, un interés por el otro, pero solo la empatía nos pondrá en el lugar del otro y nos hará reaccionar en consecuencia). 

En algunos casos, he oído con atención relatos de personas que vienen al consultorio, me cuentan sus pensamientos, sentimientos, situaciones que le aquejan o preocupan y me he dado cuenta de que no he aplicado o no he sido realmente una persona que utilice en ese instante la empatía. Comprendí que para esos momentos, cuando la persona viene a mi, no viene buscando una amiga, una confidente, viene buscando la solución a su problema y mi deber es guiarle a que busque, dentro de sí misma, la respuesta a lo que le aqueja. 

En estos casos no debo ni he sido empática, sino simpática (empatía es conectarse, sintonizarse con el otro, simpatía es comprender lo que siente, saber que le molesta pero sin emocionalizar en ningún término el suceso ni darle capacidad de reacción)

Cuando pienso en empatía, vienen a mi situaciones que he vivido, tanto en mi rol de madre, de esposa y de mujer, que me digo a mi misma: en algunos momentos he sido empática sin aplicarlo realmente bien...¿? ¿cómo es eso?

Ahí es cuando noto que en muchas ocasiones la escucha activa, el sintonizarse con la situación que le pasa a la otra persona, te afecta, la sientes, pero cometemos el error de dar consejo, de decir lo que debe sentir, hacer, pensar;  y esa no es la idea; no es decir lo que se va a hacer o sentir, es ponerse realmente en el sitio del otro y preguntarse a sí mismo: si esto que me cuenta x me sucediera a mí, ¿qué haría?, ¿cómo me sentiría? evitando entrar en pánico ante lo que se oye o se cuenta, no hacer juicios, y ahí es difícil por nuestra naturaleza. Nuestras creencias siempre están a flor de piel.
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