lunes, 24 de octubre de 2011

Síndrome de Asperger: Gracias, si me gusta, pero no quiero

Cada ser humano tiene su peculiaridad, y entenderle es un reto, porque todos siendo "normales" somos distintos. Nuestro criterio de normalidad lo impone una sociedad rígida, aprendamos a abrir el corazón y mirar con el alma. 


Si físicamente nos parecemos, si somos de una misma especie, y aún siendo gemelos, mellizos o morochos, los hermanos, tienen diferencias notables, tenues o extremas... ¿por qué pensar que todas las personas debemos ser, pensar y sentir igual?


He pensado por instantes, que fuera igual a mi esposo, a mi madre, a mis hermanos, a mis amigos, alumnos y gente en la calle.... ¡Dios que aburrida sería mi vida!



La variedad nos da la extensión de la belleza, la naturaleza incluso tiene rasgos peculiares, no hay dos cebras con las mismas rayas exactas, ni mariposas con los mismos tonos en las alas...


Somos iguales y diferentes, somos diferentes e iguales, somos realmente el concepto de UNIDAD: Únicos en una Diversidad

UNIDAD = UNo + diversiDAD

Si Dios me dijera ahorita mismo, "Vanesita, te doy este hijo perfecto, con inteligencia promedio, con destreza al caminar, con la perspicacia de una persona de este mundo, capaz de ser independiente, y dame a Jesús..." Papá Dios creo que me reprendeería porque ni le dejaría terminar de hablar... 

Jesús, mi hijo con Síndrome de Asperger es perfecto Papá Dios: me acepta con mi mal carácter, con mis manías, me quiere así se haya ido el agua temprano y no nos hayamos alcanzado a bañar, para él nunca estoy fea así no ma haya peinado, maquillado. Se conmueve si me ve triste y con la misma inmediatez del momento, se le olvida y hace que se me pase la tristeza, porque tiene un nivel de Resiliencia único... Jesús no es independiente, es INTERDEPENDIENTE que es lo mejor de ser una persona, nos tenemos el Uno al Otro y a la vez sigue su camino seguro, tranquilo y abierto a todo cambio, a pesar de sentirse frustrado a veces. Es inteligente, inocente, cándido y sincero. 

No Papá Dios, no lo cambio, te respondería como responde mi hijo Jesús cuando le ofrezco ensalada cruda:

Gracias, si me gusta, pero no quiero
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