viernes, 10 de diciembre de 2010

Ilumina a los demás



Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.

En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.

Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:

- Que haces Guno, tu ciego, con una lámpara en la mano? Si tu no ves...

Entonces, el ciego le responde: - Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi...

- No solo es importante la luz que me sirve a mi, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil...

Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás... ¿Cómo?

A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento...

¡Qué hermoso sería si todos ilumináramos los caminos de los demás!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Como siempre tus lecturas compartidas me animan a la reflexión. Gracias por ser en este día la luz que me ayuda a ver mejor mi camino. Flanvy

Anónimo dijo...

Gracias Fanny por tus aportes, cada reflexión, cada fábula que leo me llega muy deentro con lo cual me ayuda mucho graccias amiga. Un abrazo Isa.