viernes, 17 de diciembre de 2010

Cuando el amor muere...


En muchas ocasiones, he oído a amistades, familiares, conocidos y ajenos a mi (incluyéndome) comentar que la relación ya no era la misma, que decicieron terminar, el amor se les terminó, se acabó, se murió.

Imagínense por unos segundos, no mucho más que eso, mientras lees estas líneas, que el amor realmente muera... se perderían vidas en instantes, no se lograrían metas, ni se consolidarían sueños, niños jamás nacerían, estarían perdidos en el limbo, familias enteras se desintegrarían... y todo porque el amor se muere...

El amor no muere, es como la energía, no se destruye, se transforma, lo transformamos con nuestras buenas y no tan buena experiencias, con nuestros temores y nuestras ilusiones, se alimenta de nuestro espíritu y de nuestras ganas, si éstas son pocas, no dura mucho y se muda, se transforma, se va... pero no muere.

Es un sentimiento tan fuerte que impulsa a los hijos a nacer, que hace arrancarle lágrimas de felicidad al más fuerte y enorgullecerse al más noble. Nos ahce sentir grandes, impetuosos, inigualables, únicos, sobre todo eso, únicos e indispensables, para la persona amada y ella para nosotros...

Es una sensación de bienestar, que pasa por etapas de fulgor, remanzo, de mengua y nuevamente, si sabemos enamorarnos del amor nuevamente, al climax y a la mejor de las relaciones... porque nos compenetramos, nos conocemos, nos aceptamos tal cual somos, sin querer cambiar nada, con los aciertos y los defectos, con las virtudes y los fracasos... con todo el combo.

A veces lo dejamos dormirse, y nos aburre, nos hastía la rutina y se apaga... a veces lo hacemos de lado, porque asumimos que ya está, está seguro y lo abandonamos, y él, como un pajarito, pierde las alas, las ganas, el brillo y se apaga su canto... Dejamos que el día a día nos canse, olvidamos que todos los días, al igual que comer, dormir, respirar, bañarse, hablar, pensar... el amor debe alimentarse, hablar, sentir, liberarse, manifestar... porque sabemos que está ahí, no se irá... ¿no se irá?... si no le damos comida, para no morir de hambre, cambiará, se irá, se mudará...

El amor no pasa de tiempo, los que pasan son las personas que lo sienten... La sabiduría no la da la edad, sino las experiencias que se viven como acontencimientos, no como episodios... y la madurez no la dan los años, los kilos o las arrugas, sino la forma en que vives un día a la vez... como si fuera el último... el amor no es joven ni el cuerpo es viejo, cuando se siente amor.
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