miércoles, 6 de octubre de 2010

Síndrome de Asperger: Despertar en las mañanas de Jesús


En las mañanas cuando se despierta Jesús:

Jesús Eduardo, mi hijo de 5 años y nueve meses, es un niño con Síndrome de Asperger. Él se levanta a la misma hora, sin saber aún la hora en el reloj, como una maquinita. Al despertar, siento desde mi cuarto que, como loquito (de manera rápida y descontrolada) se baja de su cama, y se asoma en mi cuarto. Solo veo la sombrita de mi fantasmita. 

Yo me hago la dormida (es un juego desde pequeño, y una sola vez se me ocurrió cambiar la rutina, grasso error) y espero a que, de manera traviesa y entre movimientos torpes, pues aún anda sonámbulo, se suba a la cama, le pase por encima a su papá (que afortunadamente duerme como roble) y me abrace fuerte, me hable cerquita, coloca sus manitas como para decirme en secreto y en voz alta (él cree que nadie lo oye) ¡Buenos días mamá! ¿dónde está mi leche?

Al abrir los ojos, olerlo, sentirlo y verle la cara que me pone al pedirme su leche, sólo me queda reírme, un rato, mientras lo abrazo, lo beso, lo acaricio y le digo que nadie lo oyó venir, que es un fantasmita realmente.

- No mamá, mírame, soy yo Jesús Eduardo, dice Jesús.

Me levanto con él, le caliento la leche, el está saltando de aquí para allá, de allá para acá, le digo: Jesús ya te pusiste cangurito. El se mira las manos, los pies y me dice con su sonrisa:

- No mamá, mírame, soy yo Jesús Eduardo, dice Jesús.

Jesús toma el vaso, bruscamente pero no derrama mucho encima de su pijama, lo limpio y lo miro con ganas de reírme y se toma la leche achocolatada de un solo sorbo. Salta y me da el vaso, salta y se va al cuarto.

No hay prisas en su vida, no hay problemas de ningún tipo, sólo su leche, su colegio, su papi que se lo "come" después de bañarse y sus juegos de terapia y de Super Mario Bros.

Definitivamente ¡Qué afortunada soy en saber cómo es ver la vida, desde el otro lado de arco iris!
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