miércoles, 29 de julio de 2015

¡Ayúdame! o ¿Me ayudas?

Cuando hay una necesidad, nuestra palabra es realmente nuestra aliada o nuestra verduga. Desde el amor, solicitar no es igual a pedir. Asimismo mi necesidad o mis problemas no son más ni menos que otro. En este momento puedo tener una necesidad de satisfacer un acto de salud y otra un acto social, y por eso, mi necesidad es más importante que la de mi vecina, pues por eso, es individual, es necesidad al fin y al cabo.

Maslow en su pirámide refleja muy bien, las prioridades de las necesidades, que al tenerlas cubiertas nos hace sentirnos en equilibrio y capaces de renunciar a algo preciado y darlo, por amor. Si alguna de esas necesidades falla o esta en depresión (hay poca o no hay) nos vemos en necesidad de compensar, cubrir y ahí solicitamos ayuda o pedimos ayuda. Es diferente.

Ayúdame a... Refiere a una petición, algo que más que deseo es imposición, obligación por educación, por deber, es decir: exigencia.

Me ayudas a... Refiere a una necesidad, algo más que un deseo es un acto de vulnerabilidad, compasión sana, protección, es decir: favor.

En una prevalece nuestro orgullo, donde para mi beneficio necesito de otros y siento que merezco esa ayuda y por ende es soberbia, y la ganancia es singular. En otra florece nuestra humildad, aceptación de que somos falibles, humanos, imperfectos y asoma en actos de solidaridad y compasivos, y en respuesta siempre llama a un bien común.

Esto a manera de recordar que al solicitar un favor, no deberíamos ser tan exigentes, al hacer un acto de donación, no deberíamos ser tan evidentes y al responder a una necesidad por otra necesidad, no deberíamos ser tan intransigentes.
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