miércoles, 24 de agosto de 2011

Dejar ir...




Dejo ir mis preocupaciones, seguro del bien de Dios. 

Dejar ir es un acto de confianza, no de fracaso. 

En momentos de estrés, tomo un momento para prestar atención al suave ritmo de mi respiración. 

Si siento tensión, relajo mi cuerpo y sosiego mi mente.

Respiro con una conciencia tranquila. Al exhalar, dejo ir, una por una, cada preocupación en mi vida y en las vidas de mis seres queridos. Al tomar aire, acepto la seguridad de los resultados correctos.

Dejo ir mi necesidad de controlar y saber cómo resultará todo.

Nuevas ideas y comprensiones me son reveladas en el tiempo y orden divinos.

Confío en Dios —la Fuente infinita de curación y resolución.

Sabré lo que debo hacer cuando sea su momento.
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