lunes, 16 de agosto de 2010

El duelo: no se supera, se lleva




La pérdida de un ser querido, sin duda, es una de las etapas de la vida más dura y menos educada. No nos enseñan en ninguna familia, escuela, grupo de ayuda a llevar la muerte como algo natural. Nos lo dicen en clases de Biología, Religión, en conversaciones de padres e hijos, pero no es igual decirlo que pasarlo, hasta que nos toca a nosotros

Nuestra cultura (latina) nos prepara para la vida, para disfrutar el día a día, de cara al sol y mantener el optimismo de cada al futuro, sin pensar en que como todo ser viviente, tenemos un ciclo. Aún cuando existen religiones, sectas, grupos familiares que ven la muerte como un trance a otro plano espiritual; el ser humano tiene en sus genes un código para la vida y verla como abundancia y bienestar. Lo opuesto es sencillamente la muerte.

Natural, violenta o inesperada, la muerte de un familiar es uno de los motivos más significativos del ser humano para sucumbir en etapas depresivas que van socavando el ánimo y el espíritu del individuo en duelo y poco a poco, éste va perdiendo no sólo su vida normal y cotidiana, sino que, de no ser atendido a tiempo por especialistas, familia, amigos la persona se irá perdiendo e un espiral de depresión y de indisposición hasta que sencillamente la melancolía haga estragos en ella.

No existe terapia que logre superar totalmente la pérdida de un ser querido, existen terapias que alivian la pena, la nostalgia y liberan el sentimiento para que la vida del deudo continúe, sin embargo, el duelo sigue a lo largo de la vida de la persona que se queda sin el ser amado hasta que se hace costumbre y pasa a ser una rutina habitual. Borrar los recuerdos es como eliminar alguna vez que esta persona formó parte de nuestra vida, y los recuerdos son el tesoro más preciado que nos queda de ellos, que no queremos que nos quiten y a lo que no renunciaremos, porque sentimos que les estamos fallando a los ausentes, al intentar siquiera pensar en olvidar el dolor de su ausencia.


Tratar de superar el dolor de la pérdida del ser querido es no sólo un trabajo cuesta arriba, sino que no tiene final, no se pueden eliminar recuerdos de sitios, de frases, de gentes, de días, de vivencias y experiencias, porque es como querer desarrugar el papel arrugado... siempre quedará alguna huella que nos recuerde que alguna vez... Es similar al convivir con un vecino no deseado, se odia, le molesta todo de él, desea que se vaya lejos y jamás regrese, para no verle la cara... pero no es posible, porque el vive al lado de usted y así como usted no se va, él tampoco.


El trabajo interior, la búsqueda de la paz a través de la religión, de la meditación y armonizar con el dolor es una manera de socializar con ese sentimiento de pérdida y lograr que éste sea menos intenso y doloroso, al punto de irse desensibilizando poco a poco hasta que pensar en la persona ausente, sea en momentos hermosos, gratos y no en el dolor que su ida nos causó. Es aprender a convivir con ese vecino, tratar de no molestarlo a él, para que él no nos moleste a nosotros.

Como se comenta, no se supera el duelo, simplemente se acostumbra a convivir con él de manera menos agresiva, que no duela tanto su recuerdo, hasta el punto en que se acostumbra a su presencia y forma parte de su vida.

En ese momento es cuando hacemos las paces y decidimos seguir viviendo, aprendiendo a vivir un día a la vez
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